Habrá excepciones, como en todo, pero lo cierto es que los datos son tercos: Los jóvenes cántabros gastan el 76,7% de su salario en pagar el piso en el que viven. Supone el cuarto mayor porcentaje de España y da al traste con las tan cacareadas medidas de acceso a la vivienda por parte de los jóvenes del anterior director general de Juventud, Raúl Gil. Esto hace, evidentemente, que la tasa de emancipación se reduzca considerablemente porque no hay hijo de madre que soporte ese nivel de gasto sólo en la hipoteca. Si una persona cobra 1.000 euros, estos gastos se le llevan 767. ¿Y con qué vive? Pues una de dos: O su pareja trabaja y colabora con el mantenimiento de la casa o desayuna, come y cena en casa de sus padres. ¿Y no se supone que los políticos deberían hacer algo para que esta situación mejorase? Eso es, se supone. Hacer, lo que se dice hacer, nada de nada. No hace falta echar la vista para atrás mucho para acordarse de las viviendas de 30 metros cuadrados o, peor aún, de las kelly finder, las zapatillas de la ministra Trujillo para que los jóvenes buscasen piso. Sólo esta última chorrada ya debería haber sido suficiente para que la ínclita hubiese dimitido, porque es un insulto regalar zapatillas para acabar con los problemas de vivienda. Y así sigue el patio porque nadie hace nada por evitarlo. Ahora las inmobiliarias reconocen que habían subido bastante los precios... Vaya novedad, aunque no deja de ser vergonzoso que encima lo digan en público. Si yo fuera Zapatero les metía un puro de cojones por alterar los precios y especular, pero claro, yo soy yo... y mis circunstancias.
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miércoles, 9 de abril de 2008
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