La señora Gorostiaga se ha referido esta semana a la polémica que se ha instalado en la ciudad de Barcelona con el tema de la prostitución y la presión que se está ejerciendo, policía en mano, para desplazarla de las zonas turísticas. Algo parecido pasa en Santander cuando hay algún evento importante, tipo visita de los Reyes o Festival del Mar. Lo que no sé es si se les subvencionan viajes o, simplemente, se les recomienda que se vayan del Paseo de Pereda junto a la grúa de piedra. Pues bien, la vicepresidenta del Gobierno de Cantabria ha dicho que no piensan regular la prostitución. Es decir, que, según ella, todo va fenomenal y para qué hace falta intervenir. Parece una postura no demasiado de izquierdas porque estamos hablando de mujeres a las que, en bastantes casos, obligan a prostituirse con amenazas y coacciones. ¿Se merecen eso? Igual una regulación adecuada acababa no con la prostitución, que no deja de ser un "servicio", sino con los que se aprovechan de ella de un modo ilegal. Pero de igual modo tengo que criticar la actitud hipócrita de muchos periódicos de nuestro país que facturan millones de euros gracias a los anuncios de contactos. Es intolerable que se dé pie a este tipo de cosas desde medios de información que se suponen serios.
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viernes, 25 de septiembre de 2009
jueves, 13 de marzo de 2008
Políticos y sexo: cóctel peligroso
En estos últimos días, dos noticias sobre este tema han saltado de las páginas de contactos a las páginas de información: El gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, defensor a ultranza de la moral cuando era fiscal general del Estado, y Javier Rodrigo de Santos, concejal del PP en el Ayuntamiento de Palma de Mallorca, han gastado -según parece- pasta pública en pagarse prostitutas y prostitutos, respectivamente. Con esto se ve que en este mundo global no hay distancias. Quede claro que respeto la sexualidad de cada uno mientras no haga daño ni moleste a nadie más, pero de ahí a gastarse el señor de Palma 45.000 euros municipales en prostíbulos masculinos va un trecho. El PP le ha suspendido de militancia, pero creo que ese dinero del que se ha apropiado presuntamente debería devolverlo con unos intereses considerables. Me da igual que sea con hombres que con mujeres porque lo gravísimo del caso fue que metió la mano en la caja de todos para pagarse sus cosas. Al menos no había hecho gala de moralidad, como el señor Spitzer, que dio caña de lo lindo a las redes de prostitución cuando era fiscal general del Estado de Nueva York y al mismo tiempo se iba con mujeres de 1.000 dólares la hora. Vaya papelón el de la mujer estando a su lado en el momento de dimitir... Ésta es una prueba más de que algunos políticos se consideran a sí mismos pseudo dioses a los que nadie puede tocar y que utilizan muy bien el fariseísmo: haced lo que yo os diga pero no lo que yo haga. Penoso.
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