Nuestro querido Revilluca, famoso en el mundo entero, puso en su punto de mira a esas honradas personas que ofrecen las predicciones meteorológicas, aunque, a veces, parezca que hacen, como decían Gomaespuma, el sorteo del tiempo. El motivo: que sus comentarios negativos infundados sobre la climatología en Cantabria para la Semana Santa iban a hacer descender el número de turistas que nos visitarían. Pues bien, como todos hemos podido comprobar, el tiempo en nuestra comunidad ha sido absolutamente garrafal, con temporal incluido. Ponerse la tirita antes de tener la herida es bastante estúpido y deja bien a las claras el tipo de gobernante que es este sujeto: un populachero nato que se deja guiar por lo que más le interesa. En este caso, supongo, habrá sido por los hosteleros, que le habrán pedido un "favor" para que no descendiesen mucho los visitantes. Pues bien, ha hecho un ridículo espantoso que ha tenido que justificar como ha podido porque, aunque sea sólo por una vez, han acertado de pleno. Conste que no me alegro, al contrario, porque hubiese preferido tener buen tiempo, pero lo cierto es que Revilluca se ha dejado, de nuevo, en evidencia. Nadie le manda meterse en esos jardines, pero sus ganas de ser el protagonista le juegan estas malas pasadas. Qué bien estaríamos muchas veces con la boquita cerrada...
Mostrando entradas con la etiqueta temporal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta temporal. Mostrar todas las entradas
martes, 25 de marzo de 2008
miércoles, 12 de marzo de 2008
La naturaleza reclama lo que es suyo
Como hombres que somos nos creemos los auténticos amos del mundo. Pensamos que nada nos puede vencer y que disponemos a nuestro antojo de todo lo que nos rodea. Así es en muchos casos, pero, de vez en cuando, la naturaleza se toma cumplida venganza y nos devuelve golpes realmente duros en forma de desastres. El último, ayer. Creo que todos hemos podido ver el Renault Megane "aparcado" dentro del hotel Chiqui y el resto de daños que ha causado el temporal en la cornisa cantábrica. Ahora la gente se echa las manos a la cabeza hablando de que son cosas que no se pueden prever, que son situaciones muy raras, que si patatín, que si patatán. Ese hotel está construido al lado del mar. Al lado. Las nuevas leyes establecen la distancia mínima en 200 metros. Y como él, el Cormorán, el restaurante Rhin o el Real Club Marítimo también estarían fuera de la ley de haberse edificado ahora. En el caso del Chiqui, además, encontramos el agravante de que se retiró, con las obras del nuevo paseo, la escollera que servía de rompeolas y que minimizaba el impacto de las olas. Algún listo, como siempre. Nadie olvida la catástrofe del camping de Biescas, donde murieron cerca de 100 personas arrastradas por las aguas porque alguien decidió situarlo en un sitio peligroso y ningún político lo evitó. No aprendemos de los errores y, por lo tanto, los seguimos cometiendo una y otra vez. La soberbia, en la mayor parte de los casos, es nuestra peor compañera. La imbecilidad, igualmente, nunca nos abandona.
Etiquetas:
cantabria,
naturaleza,
olas,
temporal
Suscribirse a:
Entradas (Atom)