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martes, 14 de abril de 2009

Adiós a la sede de Puertochico

Parece mentira, pero el proyecto de nueva sede del Gobierno de Cantabria se acerca a la realidad. Uno de los pasos principales para ello es demoler la antigua, el palacio de Puertochico de toda la vida. Tras acabar de trasladar todas las piezas del museo de Prehistoria, ya hay hasta sentencia de derribo del inmueble. Eso sí, y por una vez, ambas administraciones (local y regional) están de acuerdo en que si no da tiempo para acabar las obras antes del verano, lo mejor es posponerlo para después. Milagro. El horizonte parece que sitúa la fecha en el 15 de julio como límite. A partir de ahí ya se podrá desarrollar en plenitud el polémico proyecto que situará un voluminoso mamotreto allí. Igual después todo el mundo está feliz y les encanta, pero creo que va a romper con la línea de la zona, que marca el edificio del Banco Vitalicio en la esquina de Castelar. Y se nos va un edificio un poco feo pero que para algunos es lo que han visto siempre. Ahora tocará tener paciencia para pasar por allí con las obras porque no creo que sean sencillas ni que lleven poco tiempo. Vamos a ver en qué acaba la jugada.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Alguien sigue volando sobre el Cuco

El tema de la urbanización del Alto del Cuco, una de las mayores aberraciones de la historia, sigue candente y de plena actualidad. A la lumbrera que se le ocurrió cortar medio monte habría que meterle en la cárcel de por vida, pero mucho más grave me parece aquellos que, bien con su silencio cómplice, bien con su firma autorizando el atropello, han terminado por permitir esta abominación. Pues bien, el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) ha ratificado que el Gobierno Regional no puede pedir la suspensión provisional de las licencias de construcción de las viviendas porque en ese pleito es uno de los demandados. Si se van confirmando con sentencias lo que parece, todos acabarán pagando por ello, porque, al final, los principales damnificados son aquellos que están pagando las hipotecas de unos pisos en los que no podrán vivir nunca. ARCA, la asociación ecologista, denunció, pero ahora, en este proceso, ha mantenido un "llamativo silencio", como afirma la propia sentencia del TSJC. Ha habido muchos responsables y es importante para la salud democrática que todos ellos acaben en la cárcel una vez que se vaya demostrando su participación. Desde el que concedió las licencias hasta el que derribó medio monte pensando que nadie diría nada proque el dinero todo lo calla. Así nos sigue luciendo el pelo en este reino de taifas.

miércoles, 9 de enero de 2008

Cantabria: La Benidorm del norte

El titular lo dice todo, pero no es mío, es del diario El País, que hoy hacía referencia en un artículo a la gran cantidad de sentencias de derribo que están pendientes de ejecución en nuestra región. La responsabilidad de ellas es, por supuesto, del Gobierno de Cantabria, que, como políticos que son, no se mojan ni a la de tres. En 2002 se aprobó el POL (Plan de Ordenación del Litoral), que parecía que ponía freno a la locura constructora en nuestra costa, de la que todos conocemos casos: Arnuero, Isla, Noja, Castro Urdiales... Pues bien, a pesar de que la Justicia aplica la legislación y ordena los derribos, las consejerías envueltas desaparecen cuando tienen que hacerlos efectivos. El principal perjudicado -el medio ambiente- no tiene casi quien le defienda y los pobres incautos que invierten sus ahorros en chalets que están en la orilla de la playa, también son los paganos de esta situación, porque ellos sí pierden su dinero. Los constructores, forrados, y los políticos, nadando entre dos aguas, siguen viviendo felices y haciendo gestos de cara a la galería. Lo del Alto del Cuco es una de las aberraciones más grandes de la Historia, y tanto políticos -de Piélagos y del Gobierno Regional- como constructores, deberían acabar en la cárcel de probarse que tienen responsabilidad de cualquier clase en este tipo de tropelías. Pero no, como nadie se responsabiliza de nada y todos esperan que las viviendas se legalicen, aunque sea peor, pues nada cambia. Si eso me ocurriese a mí y me demoliesen la casa, les aseguro que derribo yo personalmente la de cualquiera que tenga que ver en su mala construcción. Eso sí, no tengan ninguna duda de que yo sí termino en el trullo.