Hay que agradecer a los lectores del blog el envío de mails denunciando lo que creen justo. En este caso, un incondicional nos lanza una pregunta para la que, al menos yo, no tengo respuesta: ¿qué pasa con los bancos de Santander?
No sé si alguien más se habrá fijado, quizás los jóvenes no, pero es cierto que de un tiempo a esta parte Santander va perdiendo bancos en los que sentarse a descansar o, simplemente, pararse a mirar pasar el tiempo.
Recuerdo, en mi infancia, cómo mi abuelo y yo nos sentábamos docenas de veces (generalmente por mi culpa) desde su casa hasta el centro urbano. Los abuelos de hoy me parece que lo tienen más difícil, porque, exceptuando La Alameda y alguna que otra zona peatonal, parece que a los bancos públicos, esos de madera de toda la vida, se los ha tragado la tierra. Sus desapariciones comenzaron hace tiempo, pero, ha sido con la llegada de los cientos de obras que inundan la ciudad, cuando la cosa se ha vuelto preocupante porque han desaparecido o, lo que es peor, han dejado paso a esos monstruos de La Porticada en los que depositar las posaderas un tiempo elevado conllevará, por lo menos, una cistitis de regalo.
En fin, el problema parece irrelevante, pero para los más pequeños y para los ancianos no lo es tanto. Y teniendo en cuenta que la población cada vez está más envejecida... igual los responsables de estas cosas, que ya tienen unos años, deberían empezar a preocuparse por lo que de verdad quieren los ciudadanos en vez de por construir cosas inútiles y quitar las que se usaban.

