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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Los cancerberos del infierno

Ha pasado, por desgracia, en más de una ocasión, pero ahora lo vemos desde un punto de vista más cercano. Un joven madrileño murió asesinado -presuntamente- por un portero de una discoteca que tenía cuarenta y pico denuncias. Él, el cancerbero del infierno, 10. La irresponsabilidad de algunos dueños de bares y locales de marcha roza lo delictivo. Es intolerable poner en una puerta en lugar de a un relaciones públicas que gestione la entrada al local a unos gorilas u orangutanes que no distinguen el bien del mal y responden a cualquier cosa con un puñetazo, una patada o cosas peores. La seguridad es necesaria, pero que un joven muera cuando sale de fiesta aplastado por un descerebrado con varias denuncias encima demuestra que algo grave está pasando y que es responsabilidad de los políticos y de las fuerzas del orden regular un sector en el que el único requisito para entrar es ser fuerte y no tener cabeza. Hay 135.000 porteros de discoteca en España. Sólo 900 tienen el carnet que les faculta para hacerlo. Hay, por tanto, 134.000 peligros en potencia que no tienen la más mínima preparación. Y es en sus manos en las que estamos. Porque sus manos quitan vidas y mandan gente a los hospitales. Seguridad sí, pero ¿para quién? ¿Y a qué precio?

domingo, 24 de junio de 2007

Me da Mala Espina

Algunos sitios de copas de nuestra maravillosa ciudad demuestran cada fin de semana que vivimos en un país democrático en el que todos tenemos los mismos derechos. Lo ocurrido nos lo ha contado un amigo, al que ayer no le dejaron entrar, vulnerando sus derechos fundamentales, en un "chiringuito" al que no vamos a hacer publicidad gratis. Esta persona (de 27 años) fue a entrar al susodicho "garito" con sus amigos y uno de los porteros (nacido en algún país del este de Europa) le solicitó su DNI, mientras que otro de los "vigilantes" decía: "veintisinco anios, veintisinco anios" (con el mismo acento que su colega). Nuestro conocido sacó su Documento y, sabedor de sus derechos, se lo fue a mostrar pero no se lo dio (sólo hay obligación de entregarlo en mano a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado). El "elemento" en cuestión le insistió en que se lo dejase, a lo que nuestro amigo se negó de nuevo mientras se lo enseñaba por la parte de atrás, donde aparece la fecha de nacimiento. En ese momento, el tipo le dijo: "Si no me lo dejas, no entras", directamente y vulnerando varios artículos Constitucionales a la vez. La persona que conocemos se dio media vuelta y se fue sin montar ningún escándalo, pero el portero todavía le dedicó un: "Ensima chulito". Bien. Muy bien. Habría que ver si este establecimiento en cuestión paga la licencia correspondiente para limitar la entrada a mayores de 25 años -lo cual dudamos- , y, sobre todo, y mucho más grave, si no venden alcohol a menores de 18 años -lo cual también dudamos-. Una vergüenza inconstitucional al lado de la comisaría de la Policía Nacional en Santander.