Se quejan nuestros queridos hosteleros de que la crisis ha traído a Cantabria el turismo de las pes: playa, pizza y paseo. Yo les voy a decir más: la crisis y sus elevadísimos precios. Llevaban unos cuantos años en la bonanza más absoluta tras el magnífico negocio que hicieron con la entrada del euro y el famoso redondeo del que sacaron un chusco descarado. No es difícil recordar, a modo de ejemplo, el precio de un café a 31 de diciembre y el mismo a 3 de enero. Pasamos de 100 pesetas a un euro, que son 166 pesetas. Eso de buenas a primeras y sin ofrecer nada a cambio. Todo beneficio. La gente entró por el aro porque no nos habíamos enterado muy bien de la jugada. Ahora, con la crisis, hay que recortar de donde se puede, y está claro que los precios estaban y están totalmente sobrevalorados. Eso que dicen de las tres pes es una chorrada como un piano y deberían hacer una reflexión profunda para atisbar los verdaderos problemas de un sector que ha hecho su agosto con una subida exagerada de los precios. A las pruebas me remito. Por tanto, si les parece que van poco los turistas a bares y restaurantes, hagan como hace todo el mundo: bajen los precios para atraerlos. Es mucho más fácil acusarlos de cutres que ponerle remedio al tema. ¿O me equivoco? Es como el botellón. Ustedes, queridos hosteleros, ¿se creen que los jóvenes harían botellón si las copas costasen 2,50 euros como, de hecho, cuestan en algunos sitios? Pues eso, que es el mercado el que se autorregula, y al que no le guste, que cierre el chiringuito.
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miércoles, 26 de agosto de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
Cantabria regala estancias hoteleras
Como la situación no es muy buena, el señor Marcano, López Marcano, ha anunciado que el Gobierno de Cantabria va a comprar 50.000 plazas hoteleras a las empresas de este sector en la región. En total, un millón de euros que nos vamos a gastar. La consejería aduce que no van a dar ayudas en forma de subvenciones y que prefieren articular medidas de este tipo. Permitidme que dude de la eficacia de las mismas, por un lado, y que muestre mi mosqueo por el otro. ¿Se van a repartir equitativamente? ¿Los amigos se van a llevar más "habitaciones"? Es una iniciativa que tampoco sé si va a servir para mucho y no creo que solucione los problemas, sobre todo porque pienso que algunos de ellos vienen de los precios excesivos que se cobran en Cantabria por el alojamiento. Si se quiere atraer a otro tipo de público que no sea el de gente mayor acaudalada al que estamos habituados por estos lares, lo primero que tienen que hacer los hoteles es bajar los precios. No se pueden cobrar 120 euros por una noche en un hotel de tres estrellas, por muy en el centro de Santander que esté. Los políticos parece que no saben por dónde tirar y están disparando a todo lo que se mueve pero con los ojos tapados, y así, es muy difícil acertar. Y ya, por último, me pregunto por qué no nos pagan nuestras vacaciones. Total, por probar...
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lunes, 9 de febrero de 2009
Marcano y el turismo
El consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Francisco Javier López Marcano, ha dado con la clave de la crisis del sector turístico cántabro: sus tarifas. Marcano les pide que sean más competitivos "porque no se pueden vender habitaciones a 150 euros cuando en comunidades limítrofes lo hacen a 60". En definitiva, que deben ajustar sus precios si no quieren que esto vaya a peor. Por un lado hay que decir que el consejero tiene razón, porque los precios de algunos establecimientos son una auténtica invitación a no entrar, pero, por otro lado, hay que decir que sitios como Bilbao o San Sebastián, competencia directa de Cantabria, no son precisamente el paradigma de la ganga. Sin embargo, la gente va más a Euskadi. ¿Se ha preguntado el consejero por qué será? Porque aquí tenemos El Soplao y Altamira y poca oferta más en lo cultural, mientras que esos dos lugares mencionados tienen una programación de ciudad grande, no de pueblo, que es lo que tenemos aquí. Luego me río cuando hablan de Santander 2016. Ya se ha dicho aquí que la agenda da pena y que se pueden poner muchas luces o carteles en los autobuses, pero a esto se gana haciendo cosas culturales. Eso sí, los políticos, como nunca, echando la culpa al empedrado. Si alguno se pusiese a trabajar, cómo cambiaría la película...
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