La noticia nos sobresaltó el sábado cuando nos enteramos de que se había declarado un incendio en el hospital de Valdecilla de Santander. Según afirmaron los medios de comunicación, dos chicas, que se encontraban con un familiar en coronarias, comenzaron a oler a humo. Con rapidez acudieron al mostrador de información más cercano a contarles lo que estaba ocurriendo. Las personas que les atendieron no dieron ninguna importancia al hecho y no les hicieron ni caso. Más tarde, el olor era más palpable y su preocupación fue tal que decidieron ir ellas mismas en busca del fuego. Como no podía ser de otra manera lo encontraron y volvieron sobre sus pasos para que llamasen a los bomberos. Menos mal. Gracias a estas chicas no estamos hablando ahora de una verdadera desgracia, porque la desidia de unos-as pocos-as irresponsables podía haberle costado la vida a muchos inocentes.
Por otro lado, en un principio se dijo que había sido un cortocircuito en un panel eléctrico, pero luego se ha demostrado que no había sido así, por lo que sólo queda que haya sido un cigarro mal apagado o tirado a una papelera. Es alucinante que la gente -yo lo he visto- siga fumando en el hospital con total impunidad -incluidos médicos y enfermeras- y nadie multe o haga algo por evitarlo porque, se ha visto, es realmente peligroso para todos, para los listos que fuman y para los pobres que pasamos por allí.