Ya se ha hablado en este blog del tema, pero me sigue sorprendiendo la poca sensibilidad de nuestros responsables municipales a la hora de escoger las especies de árboles que se colocan para adornar la ciudad. La última zona en "sufrir" el buen gusto ha sido la plaza de Pombo, en la esquina que ocupa la tienda de fotografía Zubieta concretamente. El pestazo, que roza con la náusea y el vómito -sin exagerar-, es insoportable y no entiendo cómo es posible que este tipo de detalles -el olor del fruto o lo que lo produzca- no son contemplados por los que deciden qué árbol poner y cuál no. Estaría muy bien que sufrieran en sus propias carnes, cerca de sus casas, lo que sufren miles de ciudadanos que tienen que buscar calles alternativas para evitar echar la última comida que han tomado. Supongo que los criterios que se usan son los meramente estéticos, pero las quejas de los santanderinos se suceden y son cosas como éstas las que les alejan de la ciudad porque pasear se puede convertir en una verdadera pesadilla. Por ello, señores "responsables", pongan todos los medios que estén en su mano para ahorrarnos el sufrimiento y el asco de pasar por ciertas partes de la ciudad.
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lunes, 2 de marzo de 2009
viernes, 15 de febrero de 2008
Carruseles santanderinos
Hablo de memoria, así que si me equivoco, que alguien me corrija, pero creo que antiguamente había dos carruseles en los jardines de Pereda. Con motivo de las obras de adecentamiento del mismo -primero- y las del aparcamiento subterráneo de Alfonso XIII -después- los tuvieron que trasladar a dos ubicaciones diferentes: Uno a Pombo y otro a la Plaza de Juan Carlos I -calle Burgos-. Pues bien, tras finalizar las obras se ha construido uno nuevo y a todo lujo y se han mantenido los otros dos, cosa que no parece muy comprensible, porque se pensaba que era una situación provisional. Algo huele raro aquí, desde luego. El lujoso de los jardines debe ser un buen negocio porque cobra a 2 euros el viaje a cada niño. No está nada mal, la verdad, tratándose de lo que se trata. Es obvio que si a alguien le parece caro, que no monte a sus hijos, pero hay que ser un poco sensible. El caso es que el que se ubicó en Pombo ha tenido bastantes tiras y aflojas con las asociaciones de vecinos, que consideran que hace un ruido excesivo fuera de las horas lógicas. Pues bien, de buenas a primeras, el Ayuntamiento se saca de la manga una nueva ordenanza que regula su uso para que nadie se queje. Es decir, que seguirá ubicado en un sitio en el que deshabilita media plaza para el disfrute de todos -sobre todo niños- en favor de unos pocos. Y más ahora, con las obras del aparcamiento de Pombo. Vamos, Santander en pura esencia.
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lunes, 14 de enero de 2008
Santander: ¿La nueva Gotham?
Todos recordamos esa ciudad "agujereada" y con muchas zonas bajo el nivel del asfalto en la que Batman era el súper héroe que todo lo arreglaba. Aquí en lugar del hombre murciélago tenemos a Súper Revilluca, que es el tío con la boca más grande, y, además, nuestra urbe cada vez se parece más a Gotham City. Ya dijimos hace no mucho que se iba a arreglar el aparcamiento subterráneo de la Plaza de Pombo. Pues bien, se han iniciado hoy las obras y el alcalde ha dicho que se acabarán en mayo... A mí me suena a la cantinela de siempre, por lo que, si queréis, podemos abrir una porra para ver quién se acerca más a la fecha real. Yo propongo finales de agosto como probable, aunque habrá que esperar acontecimientos. El de Correos han tardado sólo cinco años en reinaugurarlo... A ver si alguien se da cuenta de que la solución para el problema de aparcamiento en la ciudad no son los subterráneos porque cada vez hay más calles peatonales y más zonas de OLA. Es decir, que aunque no quieras, al final acabas cotizando por una vía o por la otra. El caso es recaudar. Y luego, en lugares determinados, el tráfico se hace insufrible y se montan unos atascos de padre y muy señor mío. ¿Qué pasa con los agentes de movilidad? ¿Están para algo más que para meter multas? Lo dudo.
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jueves, 20 de diciembre de 2007
Los aparcamientos subterráneos
A algunos políticos parece que les va el tema de los estacionamientos bajo tierra. En concreto, el alcalde de Santander debe ser un auténtico fanático de ellos. Acaba de inaugurar el aparcamiento-cementerio de Alfonso XIII y ya va a por el de la plaza de Pombo, cuyas obras empezarán el 14 de enero. Parece que de esta manera se acabará de una vez por todas con las colas que se forman a ciertas horas y que salen hasta el Paseo de Pereda, ya que se pretende modificar la entrada asesina, tumba de muchos bajos de coche. Todavía quedan unos cuantos parkings más de aquí al final de la legislatura. Unos se harán nuevos y otros serán reformados, como el del Ayuntamiento, en el que los agentes de movilidad realizan su trabajo desviando incautos para que no bloqueen el cruce en el acceso. Una vez concluidos todos y tan sólo derribando las paredes que les separarán, Santander podrá contar con una especie de M-30 subterránea al estilo Gallardón. Eso sí, habrá que procurar que las plazas de residente se sorteen equitativamente, evitando de esta manera los trapicheos que parece que ha habido con otras concesiones, y que lo único que consiguen es aumentar los precios de un bien público por la especulación. Esperemos que estas obras mejoren la ciudad, aunque viendo la experiencia de otras acometidas recientemente desde el Consistorio santanderino, habrá que echarse a temblar.
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martes, 16 de octubre de 2007
La misteriosa subida de la salchicha
El titular no se refiere a nada sexual ni tiene que ver con el IPC, sino a los precios fluctuantes de la mítica furgoneta de perritos calientes que antes estaba en la Plaza Porticada y que, tras las obras realizadas en ella, se trasladó a la de Pombo. Está claro que la ley de la oferta y la demanda es la que marca las reglas del comercio mundial, pero esto que os voy a contar a mí me suena a alteración tramposilla del valor del perrito caliente. O tangada, por hablar en plata.
Comprobarlo es muy sencillo. Pasamos cualquier día de la semana por allí, nos acercamos y miramos lo que cuesta uno sencillo. Marca 1,95 euros. No está mal el coste y la calidad es buena, así que lo compramos. Luego, quizá despistados, nos dejamos llevar por nuestro estómago y nos lanzamos a adquirirlo un viernes o un sábado por la noche -a la 1:30 horas, por ejemplo- y al sacar una bonita moneda de 2 euros para pagar -nos acordamos de lo que nos costó a las 7 de la tarde- nos dice el amable viejito -o su hijo- que nos faltan 50 céntimos, que cuesta 2,50 euros.
¡Oh, cielo santo! Con cara de tontos sacamos lo que nos piden y nos vamos pensando que nos la han metido dobladita. Y así es. El mismo producto a horas diferentes cuesta distinto. ¿Cómo es posible? Amigos, esto es España. No hay nada más que decir.
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